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UN HOTEL CON LUZ DE TEATRO

Se apagan las luces, sube el telón. El silencio (casi) sepulcral del patio de butacas invade el inquietante lobby del Hotel Teatro, ubicado en pleno casco histórico de la ciudad portuguesa de Oporto. De las perchas cuelgan trajes de obras que ya han terminado, las luces producen auténticas sombras “de bambalina” (sí, hemos inventado una nueva tipología de sombras) e incluso el público aparece perfectamente “dibujado” en el papel que cubre sus imponentes paredes. No cualquier alojamiento puede presumir de estar ubicado en la antigua sede uno de los teatros más emblemáticos de la ciudad, el legendario Teatro Baquet, destruido en un gran incendio en 1888 (y cargado de historias). La encargada de dar vida (y nuevo uso) a este emblemático edificio, hoy totalmente renovado, ha sido la reconocida arquitecta Nini Andrade Silva. Aterrizamos en Oporto y, casi con los ojos vendados, llegamos al hotel, esperando (ansiosos) uno de esos “melancólicos” edificios decadentes que pueblan el centro de la ciudad portuguesa. Pero nuestra sorpresa fue enorme, nos encontramos ante un edificio que nada tenía que ver con lo esperado, aunque lo mejor estaba por llegar: su interior. Abre las puertas y cuélate con nosotros en el Hotel Teatro (aquí, las esperas en el aeropuerto no harán falta, simplemente sigue leyendo y que tu mente viaje hasta Oporto, sin moverte de la silla).

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El imponente sillón de la recepción, imitando una antigua bovina de película

Un poema nos da la bienvenida. De su puerta de entrada uno podría recoger (con cuaderno y bolígrafo) los versos de una de las conocidas obras del gran poeta portugués Almeida Garret. Esto ya nos dejó sorprendidos, pero al abrir sus enormes puertas nos encontramos con un espacio en el que la luz (teatral) marcaba el tiempo, casi detenido. Dejamos atrás “el mundo real” para sumergirnos en una auténtica obra de teatro, una realidad paralela que incluso nos hacía dudar de la hora del día en el que nos encontrábamos (lo de mirar el reloj una y otra vez, aquí, es habitual). La recepción “del Teatro” (como muchos lo llaman) no es la recepción habitual de cualquier hotel, es una taquilla en la que recoger la “entrada” que después te llevará a la habitación. De su interiorismo, realizado también por la arquitecta Nini Andrade Silva, destacan las alfombras, las cortinas de terciopelo (como si de continuos telones se tratasen), los puntos de luz (perfectamente coordinados, como lo están sus lámparas de aire “Fortuny”), la paleta de oscuros de sus materiales (como las imponentes y recias maderas macizas) o las sombras del bronce (uno de los hilos conductores en las 74 habitaciones del hotel). Un ambiente misterioso e inquietante pero cargado de tintes realmente acogedores, un hotel perfecto para el recogimiento y el descanso (después de “patear” la ciudad y descubrir sus bucólicos rincones).

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Una de las habitaciones del hotel, con bañera “vista”

¡Pide habitación con bañera! La afirmación suena muy tajante, pero así deberá ser (habitación con bañera sí o sí, dejemos de lado los aburridos platos de ducha). Y es que si algo nos dejó totalmente fascinados de sus habitaciones, además de sus acogedoras curvas y volúmenes, son las bañeras “a la vista”. Es una de esas modalidades de bañeras de hotel (esto daría para otro artículo) que nos gustan: bañarte mirando la cama o bañarte en mitad de la habitación (como por arte de magia y sin necesidad de encerrarte en el baño), por ejemplo. Una serie de combinaciones que harán que la estancia, seguro, sea inolvidable (al menos más especial o curiosa de lo habitual). ¿Sus almohadas? Nos sorprendió, también, la cantidad de almohadas de las que el cliente puede disponer (y dispone), más pequeñas y más grandes, diferentes tamaños perfectos para encontrar ese difícil “equilibrio” nocturno cuando uno duerme fuera de casa (de su cama). Además, la luz de las habitaciones del Hotel Teatro están igualmente pensadas en clave “teatral”, una luz baja, que invita al recogimiento, a la calma necesaria en una habitación de hotel. Una habitación que invita a la parada, al silencio. Una habitación en la que protagonizar tu propia obra de teatro, sin público.

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“El Palco”, el restaurante que acoge el lobby del Hotel Teatro

¿Existe algo más placentero que llegar cansado de “patear” la ciudad, ducharse, arreglarse y bajar a cenar al restaurante del hotel?. Estaréis de acuerdo conmigo en que no, no existe nada más placentero cuando te alojas en un hotel (¿o sí?). Hasta su restaurante tiene nombre “teatral”: El Palco. En este acogedor espacio, con mesas de madera maciza (perfectamente siluteadas), originales sillas, platos blancos y delicados (con protagonismo del producto que en ellos se presenta) y caos de vasos y copas (de diferentes formas y alturas), se sirven los desayunos, almuerzos y cenas del hotel. “El restaurante se trata de un santuario de la cocina exótica y, a la vez, contemporánea”, cuentan desde el hotel. Una carta plagada de platos con presentaciones realmente sorprendentes, pero con un total protagonismo del producto (en carnes y pescados). ¿Nuestro favorito? No podrás irte del hotel (y de Portugal, en general) sin probar su arroz con bacalao y acompañarlo, claro, con una de sus interesantes propuestas de vinos (un recorrido, milimétricamente pensado, por el Miño, el Duero, el Dao u el clásico Oporto, para los postres). Y otro de los puntos fuertes del hotel, sin duda, es el aperitivo con pan (recién horneado) y uno de los aceites más ricos que jamás hayamos probado (chivatazo: “Acushla”, aceite de oliva orgánico y 100% portugués).

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Las zonas comunes del hotel, con luz de teatro y sillones perfectos para un cóctel

Y los desayunos. Ay, los desayunos. Por norma general, para el común de los mortales, los “desayunos de hotel” son imperdonables. Jamás importará la hora a la que te hayas acostado, la asistencia es más que obligada. El Hotel Teatro abre su patio interior (cubierto), repleto de luz, para llenar una imponente mesa central de frutas perfectamente cortadas y peladas, panes, aceites, mermeladas, zumos y dulces. Pero no dulces cualquiera, entre ellos (además de clásicos como los “croissants” o los “pain au chocolat”) encontramos otra de las “obsesiones gastronómicas” de esta escapada a Portugal: los “pastéis de Belém” (o pasteles de Belém). Pero, la segunda opción si no llegas a tiempo para el desayuno es el “aperitivo”. El lobby del hotel ofrece un acogedor espacio, con cómodos sillones y un proyector de cine, en el que los clásicos en blanco y negro y los cócteles serán los protagonistas.

¿Dónde?Rua Sá da Bandeira, 84 (Porto)

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1 Comentario

  • Responder clara casado 4 mayo, 2016 de 17:19

    Guauuuu mucha suerte!!!! 😉

  • Responder

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