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SLOW FOOD: EL NUEVO “HEALTHY”

Parece que, en este mundo loco de la gastronomía, siempre tenemos que inventar (o aplicar) nuevos conceptos (a conceptos que ya existían). No estaremos contentos sin pronunciar en inglés alguna de esas palabras (o “palabros”, como algunos los han bautizado ya) que definan el plato que estamos tomando, el momento del día en el que debemos hacerlo (el manido “brunch”, por ejemplo) o la corriente a la que pertenece (véase el concepto “Slow Food”, ese del que hoy “despotricamos” para bien). Parece que esta tendencia, nacida en Italia hace ya algunas décadas, vuelve con más fuerza que nunca para tomar la ciudad (como vía de escape a la imperante saturación de “Fast Food” y mala alimentación general). Interés por el producto y los productores (escapando de los grandes proveedores, a los que jamás podremos poner cara), cuidado y calma en la forma de cocinar y también de comer. Dejemos de lado lo puramente vegetal (aquí, la carne o le pescados también serán protagonistas), el color verde y todos esos zumos detox que pueblan la ciudad. “Slow Food” no es sinónimo de “healthy”, aunque poseen muchas cosas en común como el gusto por la alimentación equilibrada. ¡Descubre qué significa ese palabra que tu amigo “el foodie” no para de repetir!

slow food

Foto: Mónica Bedmar para Federica & Co (gran defensora del movimiento “Slow Food”)

1. Era necesario (muy necesario) darle una tregua al concepto de “healthy”. Ya estábamos hartos, seguro que tu también. Llegamos a preguntarnos cómo era posible que la mayoría de las (gastro)aperturas que llenaban la ciudad llevaran el subtitulo de “healthy mood”, “healthy restaurant” (o algo que se le pareciera). Y, es que, este “palabro” que se ha convertido sin duda en uno de los conceptos gastronómicos del 2015 más utilizados, debe dejar paso a nuevos-viejos conceptos que suponemos también terminarán por saturarnos. En pocas palabras: “Slow Food” llega para destronar a “healthy”.

2. Todo parece que suena mejor en inglés. Y mira que nosotros no somos muy defensores de utilizar el inglés para definir algo que también podríamos definir en castellano. Pero la cuestión es que en el mundo de la gastronomía (como en el de la moda, suponemos) siempre deben existir conceptos, palabras, algo que nos permita definir ideas, ideas que en muchas ocasiones también tienen definición en nuestro propio idioma. Un lío vaya, pero un lío que en el fondo nos gusta (y al que no podemos resistirnos). Sí, podríamos decir “comida lenta”, pero preferimos decir “Slow Food”.

3. Existe vida más allá de los supermercados. Existen generaciones, y existirán (como la cosa no cambie) que ya no pisen los tradicionales “mercados de abastos” y sólo conozcan los supermercados y las grandes superficies. Es por ello, que el movimiento “Slow Food” posee una vocación de defensa del mercado “de toda la vida”. Los mercados ofrecen una visión de los colores, los olores o las texturas de los productos frescos e, incluso, característicos de la zona en la que están ubicados. Por ejemplo, sería un pecado visitar la ciudad de Santiago de Compostela y no pisar su “Praza de Abastos”, un auténtico festival de verduras, pescados y carnes.

4. “La huerta”, ese lugar donde buscar (y encontrar) el producto. En la ciudad, por desgracia, en muchas ocasiones el producto se desvirtúa (y su nivel de calidad disminuye, hasta límites insospechados). Y es que, ¿quién no ha comparado alguna vez un buen tomate “de la huerta” y uno de supermercado? Las diferencias son abismales y es quizás ese el motivo que lleva al movimiento “Slow Food” a apostar de lleno por el producto natural (sin conservantes, ni colorantes, ni todas esas cosas extrañas que encontramos en las etiquetas de los productos envasados).

5. ¿De dónde viene? ¿Quién lo trae?. Es, sin duda, su prioridad: el producto de calidad. Los restaurantes que poseen esta etiqueta “Slow Food”, tendrán mucho cuidado (y pondrán mucho interés) en todos los productos que el comensal podrá encontrar en sus cartas. Pero, ¿quién trae el producto? Será importante, también, ese vinculo directo con el productor, esa relación que en ocasiones con los grandes proveedores se desvirtúa (o, directamente, no existe). En esta ocasión el restaurante sabrá de donde viene su carne, de qué vaca, hasta las vacas (ahora) tienen nombre (claro).

6. Slow (food) vs Fast (food). Sí, también podríamos decir “Lento vs Rápido”, pero seguimos prefiriendo decirlo en inglés. Así somos. El movimiento “Slow Food” escapa corriendo de todos esos locales “Fast Food” que pueblan el centro de la ciudad. Escapan, precisamente, de la rapidez con la que están cocinados, la falta de calidad del producto y la rapidez (de nuevo) con la que serán comidos.

7. Menos es más. Debemos pensar que en ocasiones cuando los platos llevan muchas cosas, muchas salsas, muchas guarniciones, es quizás para disimular el sabor de un mal producto (una materia prima que no tiene calidad). En este caso, el movimiento “Slow Food” aboga por recetas sencillas, tradicionales, en las que se desecharán las grandes florituras y donde el protagonista (absoluto) será el producto. Además, en el nombre de los platos no encontrarás palabras raras, “lo que es (y ves) es lo que hay” (ni más ni menos).

8. Recetas “equilibradas”, aunque no necesariamente con la etiqueta “healthy”. No confundamos el concepto de sano o equilibrado con el de “healthy”. Las recetas que encontraremos en las cocinas “Slow Food” serán equilibradas por la combinación de los ingredientes y productos de los que se componen los platos. Buenas verduras, buenas carnes y buenos pescados (y poco más). Una dieta equilibrada requiere de materia prima de calidad.

9. La lentitud del caracol. Si tuviéramos que dibujar la palabra “Slow Food” dibujaríamos un caracol. Es el símbolo de este movimiento, debido a la lentitud que caracteriza a ambos. Lentitud, como decíamos, en el ritual de la cocina y también en el de la posterior comida. Todo se realiza con calma, respetando los tiempos que cada producto necesita para ser cocinado (y posteriormente degustado). La calma y la lentitud (positiva) inunda la cocina “Slow Food”. Cocinar y comer lento, disfrutando de los sabores, percibiendo cada uno de los matices de los platos.

10. Cada vez más restaurantes se apuntan al movimiento “Slow Food”. Muchos de ellos ya utilizan este concepto como definición de sus cocinas (así lo reseñan sus biografías en Instagram, ese lugar donde definirse). Es el caso, por ejemplo, de BumpGreen, el recién inaugurado restaurante en el madrileño barrio de Salamanca (Calle Velázquez, 11). Un restaurante que a priori puede parecer “healthy” (únicamente “healthy”) pero en el que no sólo encontrarás verduras, también carnes y pescados. Como, por ejemplo, su hamburguesa de rabo de toro (una carne que proviene de un pequeño productor del Norte de España)

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1 Comentario

  • Responder Alejandra 22 marzo, 2016 de 19:50

    Me ha encantado el post, como todos los que escribes!

    Un “kiss”

  • Responder

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