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EN EL ALMACÉN DE ALQUIÁN Y HÓPTIMO

Posiblemente, si no los conoces ya, el título de este artículo te suene a chino. Lo de almacén está claro, “ese local donde se depositan géneros de cualquier especie” (según define la RAE). Y eso de “cualquier especie” nos viene que ni pintado para hablar de las dos siguientes palabras: ALQUIÁN y HÓPTIMO. Dos palabras que nacen juntas, aunque con historias y vocaciones diferentes, y que hace muy pocos meses han aterrizado en Madrid con su primer espacio físico, un lugar en el que observar para luego comprar (ver y tocar, algo que su cliente online echaba en falta). Nosotros los hemos definido como “objetos raros” (en el buen sentido de la palabra), por sus colores, sus texturas, sus materiales, sus utilidades o sus épocas. Un universo poco común (muy poco común) en el que David Moya y Joan Martínez, Alquián y Hóptimo respectivamente,  han depositado todas sus energías, su creatividad y su mirada educada y exquisita. Quedamos para desayunar en el almacén, sobre ese sofá y esa mesa que también están a la venta (aquí todo está a la venta). Tazas de café y croissants recién horneados. Charlamos, les preguntamos curiosidades sobre este proyecto que tanto nos gusta.

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La luminosa entrada del Almacén de Alquián y Hóptimo

Una historia, muchas historias. Lo primero que tuvimos que preguntarles fue “¿Por qué?, ¿Por qué decidisteis emprender esta aventura?”. David y Joan no dudaron al responder. Después de estudiar en la Universidad (uno publicidad y el otro diseño de moda) empezaron a ponerse en contacto con el mundo laboral, con grandes empresas, “esas que te absorben toda la energía en el día a día”. Hartos de sentirse “números” dentro de una compañía y tentados por una de sus mayores aficiones decidieron romper con todo, dejar sus trabajos y comenzar un nuevo proyecto y una nueva vida. “Nuestras casas, en Barcelona, estaban ya repletas de objetos antiguos que íbamos recopilando en diferentes viajes y compras”, nos contaron. “La cosa llegó a un punto tal en el que había más objetos guardados en cajas que expuestos a la vista”. Esta fue una de las pistas, de las señales que les empujaron a crear estos dos proyectos que son uno, Alquián y Hóptimo. Uno obsesionado con los curiosos objetos antiguos, el otro con la cartelería, con lo mágico del papel. Dos historias que esconden otras historias.

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Jarrones, taxidermia, grabados, cabezas de cristal…

La calle Manuel González Longoria, esa gran desconocida. Sin duda, una de las señas de identidad de este proyecto es la personalidad (en mayúsculas). No haría falta mucho más que navegar a través de sus cuentas de Instagram para darnos cuenta de que este dúo (@alquian y @hoptimo) acercan hasta esta galería virtual su día a día, sus gustos o inquietudes de una forma muy especial y con un discurso muy natural y personal. Su almacén está situado en uno de esos barrios “pateados” por todos, el de Alonso Martínez. Pero la calle elegida, la calle del Almacén (Manuel Fernández Longoria, 2) se sale del circuito habitual, de todas esas calles repletas de negocios por las que pasan al día cientos y cientos de viandantes. Para llegar hasta Alquián y Hóptimo deberás de perderte por una de las calles más silenciosas y desconocidas del centro de Madrid. Una zona donde encontrarnos también con otras paradas “con alma”, como la floristería ‘Brumalis’ o la galería de arte ‘Machado-Muñoz’, direcciones imprescindibles en nuestro mapa de la ciudad. Pero estaba claro que un espacio de las características del de Alquián y Hóptimo no podía estar en una ubicación demasiado transitada, debía tener una posición como escondida, casi impenetrable, mágica.

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Más objetos “raros” en Alquián y Hóptimo

Un espacio con luz “rara” para objetos “raros”. Este Almacén es ese trastero en el que se guardan objetos antiguos de diferentes épocas, curiosos, con colores llamativos, con texturas fuera de los común. Jarrones de cerámica franceses e italianos de los años 60, piezas danesas de los 70, cabezas de cristal alemanas, globos terráqueos de tiempos pasados, langostas de cristal de Murano, mantelerías de té con originales estampados, taxidermia de finales del siglo XIX o cartelerías escolares y de anatomía. La lista de objetos podría seguir y, posiblemente, no acabaríamos nunca. Además, el espacio no podía ser para menos, su luz debía capturar cada historia, la historia de cada uno de los objetos que allí se atesoran, con calma y con sosiego. La claridad del día entra por los enormes ventanales de la entrada, pero a la caída de la tarde los objetos se recubren de sombras y una oscuridad mágica que les hace todavía más “raros” y deseados.

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En Alquián y Hóptimo hasta “el mostrador” es bonito (y antiguo)

“Compramos lo que nos gustaría colocar en nuestra casa”. Viajan alrededor del mundo, con paradas en países como Alemania, Francia, Italia o Bélgica, para encontrar todos esos objetos antiguos a los que darán una segunda vida y pondrán a la venta (en su tienda online y, ahora, también en su Almacén). “Nuestras compras son a veces impulsivas, recorremos tiendas, mercadillos curiosos durante nuestros viajes y seleccionamos las piezas que nos entran por los ojos, con las que nos gustaría decorar nuestra propia casa”, nos cuentan. Y, también, existe otro elemento diferenciador en el trabajo de selección y compra de Alquián y Hóptimo y, es que, escapan de las ferias de decoración masivas. “Allí van a descubrir las tendencias y comprar personas y tiendas de todo el mundo, incluidas también las grandes cadenas de venta, no queremos que nuestra tienda sea igual que todas las demás”, nos confesaron David y Joan.

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Todo al blanco

Eso de no tener un único ‘target’ de cliente da mucha confianza. Les preguntamos por su target de consumidor, por su cliente-estrella. Ellos nos respondieron: “no podríamos hablar de un solo tipo de cliente o de nuestro mejor cliente, la edad varía mucho, también el nivel adquisitivo, aquí las piezas van desde los 30 euros a los 5.000”, nos contaron. Y es que, nos da mucha más confianza escuchar este tipo de respuestas que las clásicas: “mi clientes es un chico de 25 a 35 años, con nivel adquisitivo medio y gusto por la decoración”. Es mucho más enriquecedor, mucho más positivo lo que ocurre en la tienda online de Alquián y Hóptimo. Por allí pasan perfiles totalmente diferentes, quién sabe: un joven de veinte años obsesionado con los jarrones Scheurich, un vecino de Malasaña en busca de una pareja de golondrinas de los 50 para la pared (aunque llegue un poco tarde), un nostálgico del papel y de los años de escuela en busca de cartelerías antiguas o una señora de sesenta años coleccionista de litografías vintage. En este Almacén hasta los clientes esconden historias. 

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1 Comentario

  • Responder Cool office blog 10 febrero, 2016 de 13:51

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