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RANDOM Y LA RAREZA PERFECTA

Raro/a (2. adj): “extraordinario, poco común o frecuente” (RAE)

Raro fue la primera palabra que vino a nuestra mente cuando pisamos Random, una de las últimas aperturas gastronómicas en Madrid (en el barrio de Alonso Martínez). Un “raro”, en clave positiva, que fue evolucionando (y tomando forma en nuestra cabeza) a lo largo de la comida. Raro por la distribución y el funcionamiento de sus numerosos espacios, raro por su interiorismo y raro, también, por su carta y sus platos (muy sorprendentes). Y, sin duda, uno de los momentos clave en los que percibes que Random se trata de un local “extraordinario, poco común o frecuente” (como define la RAE) es justo cuando miras a través de las ventanas y observas la imperante (y aburrida) “normalidad” de la calle. Cruzar las imponentes puertas de Random es entrar en una realidad paralela, con un juego de luces y sombras realmente particular. Una terraza cubierta con vistas al cielo de Madrid, comedores casi escondidos, un baño plagado de botellas de perfume y un club ‘Anónimo’ al que sólo podrás acceder con contraseña. ¿Por qué rareza perfecta?

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La terraza cubierta de Random llena de luz

La mantequilla como aperitivo los delató. Random es el tercer restaurante de Esteban Arnaiz y Aynara Menchaca, creadores también de otros locales como Le Cocó y El Columpio (situado en la acera de enfrente). Abrió sus puertas a finales de 2015 y se ha convertido, en su poco tiempo de vida, en uno de los locales más concurridos de la ciudad. ¿Su interiorismo? La decoración corre a cargo del solicitado estudio Madrid in Love. Un interesante juego de suelos diferentes, paredes enteladas, espejos que reflejan las historias de los comensales allí presentes, lámparas imponentes y mesas y sillas realmente originales. Aunque lo pueda parecer, en Random nada está colocado al azar. Un restaurante que ofrece una vía de escape y de desconexión, un local en el que el tiempo parece detenerse. La luz siempre es baja y el poder de convocatoria muy alto, en la mayoría de las ocasiones es necesaria la previa reserva (sus mesas siempre están llenas). Su terraza cubierta (‘The Garden’, como la conocen en Random) ofrece la posibilidad de comer a techo descubierto y con luz rebosante incluso en invierno. En sus comedores interiores la luz baja y el ambiente se torna más íntimo, perfecto para las cenas. 

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La luz de Random, perfecta para las cenas

Las mesas de Random no tienen mantel, “los materiales nobles como las maderas o los mármoles no necesitan mayor aderezo, mejor a la vista”, nos decía Elena, encargada de comunicación del restaurante. ¿Y la carta? Su cocina, de corte internacional, está inspirada por las recetas tradicionales (tan tradiciones como los “callos a la madrileña”) pero siempre con guiños innovadores a la cocina francesa, nipona, peruana o escandinava. Al mando de los fogones se encuentran Dani Rodríguez (Jefe de cocina) y Juan Rioja (Chef ejecutivo), ambos dos cocineros con un largo recorrido y una trayectoria marcada por su trabajo en las cocinas de importantes Estrellas Michelín, de ahí su enorme creatividad. ¿Qué pedimos? Para las entradas nos decidimos por el “huitlacoche en su hábitat natural” (un hongo que se desarrolla en el maíz y muy característico de países como México), el “tartar de pez mantequilla y camarón frito con aliño de mostaza y sumac” y su “arroz socarrat” (un imprescindible). Sus platos principales están compuestos por carnes (como su “steak tartar con tuétano”, su “hamburguesa de carrillera ibérica” o su “pito de ternera”) o pescados (su “chipirón encebollado con crema de tirabeques” o su “pargo a la sal con pisto”).

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El “huitlacoche en su hábitat natural”, uno de los platos estrella

¿Un club al que sólo se accede con contraseña? Las comidas y cenas en Random acaban en su planta baja, un sótano casi escondido al que sólo podrás acceder con la venia de los camareros (quienes desvelarán su contraseña, que cambia cada semana). Se llama ‘Anónimo club’, en el suenan temas musicales de los noventa (aunque a partir del próximo jueves contarán con sesiones de DJ) y su luz nos recuerda que, allí, siempre es de noche. Sirven una amplia carta de copas y cócteles desde las cuatro de la tarde y hasta las, casi, tres de la madrugada. En definitiva, un club privado al más puro estilo de los ‘Speakeasy Club’ londinenses de los sesenta. ¿Hora del afterwork? Será el lugar perfecto para desconectar después de un largo día de trabajo (“Disappear here”, anuncia el cartel de la entrada). ‘Anónimo’ también cuenta con una pequeña carta de “tapas”, allí podremos encontrar su “bocadillo de chopitos”, las “fish&chips” o las ostras y el caviar (para paladares más exquisitos). Una mezcla fuera de lo común, una mezcla rara (como Random).

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‘Anónimo Club’, en los bajos de Random perfecto para una copa (o unas cuantas)

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