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EN LA COCINA MÁS BONITA DE MADRID

El reloj marca las doce de la mañana, es domingo y Madrid se ha despertado con una luz y una temperatura que anticipan (muy tempranamente) la despedida del invierno. Y es que, aunque oficialmente le digamos adiós a mediados de marzo, en esta ciudad definitivamente se avecinan las mañanas-tontas-de-domingo pegados a las sillas de una terraza al sol, a ese sol que no quema y que apenas da calor. Habíamos quedado para un desayuno-tardío (sí, ahora lo llaman “brunch”) con Melina, la mitad de OFICIO STUDIO, una apasionante marca de bolsos de piel (hechos a mano) que descubrimos hace ya un tiempo. Pero fue hace unos días al ver la portada del último número de ‘Openhouse Magazine’ (unas alucinantes fotografías de Pablo Zamora) cuando decidimos que no podía pasar más tiempo sin visitarlos, conocer más a fondo su historia y porqué no poder fotografiar su espectacular casa (y ver de cerca la cocina, una de nuestras obsesiones). “Fue el antiguo estudio de un artista que hemos ido restaurando y recuperando poco a poco”, situado en una de esas silenciosas y discretas calles del barrio de las Letras, a pocos metros de uno de nuestros restaurantes favoritos de Madrid, ‘La Verónica’ (sí, siempre nos ubicamos en base a los restaurantes, somos muy malos para quedarnos con los nombres de las calles). Llamamos al timbre y accedimos al último piso por la escalera exterior, un detalle “muy-Madrid” eso de las escaleras exteriores. Melina estaba cocinando, ya se intuía (y se olía) desde el primer piso. También escuchaba música, un voz melosa y un ritmo lento y muy agradable invadía la escalera. Tras una vieja puerta, que anunciaba techos muy altos, se escondía un espacio diáfano, lleno de magia y de energía positiva. Una casa muy poco Madrid, repleta de plantas de verdes hipnóticos, un feliz pájaro enjaulado que no parada de cantar, una zona de trabajo llena de herramientas imposibles y, también, la cocina más bonita de Madrid.

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La cocina menos Madrid de todo Madrid, en la casa/taller de Oficio Studio

Su historia, la historia (de amor) de David y Melina, comienza en una pequeña tienda/taller de bicicletas (propiedad de David, por aquel entonces, hace ya tres años). “Había llegado a Madrid para estudiar un máster de Gestión Cultural, después me matriculé en la Escuela de Artes y Oficios y pronto me di cuenta de que lo que realmente quería hacer es poner en marcha un proyecto personal: hacer bolsos de piel”, nos contó Melina. Les unió una de esas bonitas bicicletas holandesas, y es que fue ésta quien arrastró a Melina hasta la tienda de David, también en el barrio de Las Letras (un barrio donde, nos cuenta Melina, “pasan muchas cosas”). Se enamoraron (también se casaron, en tres años hay tiempo para todo) y, pronto, pusieron en marcha OFICIO STUDIO (como un proyecto conjunto, “un proyecto de vida”). “Estaba harta de perseguir o imaginar el bolso de mis sueños, entraba en todas las tiendas vintage pensando encontrarlo y nunca aparecía, así que me decidí a diseñarlo y hacerlo yo misma”, así comenzó todo. Bolsos de piel realizados a mano (con un tiempo de elaboración de una pieza por día, con grandes dosis de paciencia y dedicación detrás). En definitiva, eso que en Francia llaman “savoir faire” y que, por cierto, suena muy bien. ¿Tienda propia? No poseen espacio de venta física ni lo quieren (por el momento), venden a través de su tienda online (alojada en su sencilla e intuitiva página web) y tan pronto realizan un envío a Gijón como lo hacen a Singapur.

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Junto a la mesa de trabajo, plantas (muchas plantas) y un pájaro “que comienza a cantar cuando sale el sol”

Mientras charlamos, Melina prepara empanadillas de picadillo (con carne, tomate, alcaparrras, pasas y aceitunas). “No me gusta demasiado cocinar, no es mi punto fuerte”, nos confesó. Pero nos fuimos de allí pensando que Melina es demasiado humilde, esas empanadillas no se nos quitarán en tiempo de la cabeza, estaban exquisitas. Y entre empanadilla y empanadilla (y con bizcocho de frutos rojos y zumo de piña sobre la mesa), seguimos charlando. Un conversación entre amigos, nada de entrevistador-entrevistado. “Encontrar este espacio no fue fácil, no hasta que un tendero de la zona nos comentó que este edificio conservaba el antiguo estudio de un artista, grande, con terraza…”, cuenta Melina. Subieron a visitarlo y no lo dudaron ni un segundo, “definitivamente habíamos encontrado lo que estábamos buscando”. Tuvieron que realizar unas cuantas reformas (aunque el aspecto es realmente industrial) y se ha convertido no sólo en su lugar de trabajo (repleto de pieles, máquinas, mesas de trabajo, patrones y herramientas) si no también en su casa. “Valoramos mucho lo que tenemos, dónde vivimos, es un privilegio pero para nosotros es también nuestro lugar de trabajo, ese que pisamos todos los días, ese que vemos a todas horas”, nos confesó.

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La mesas de trabajo, el lugar donde nacen los bolsos de Oficio Studio. Al fondo, la puerta de entrada a la casa

“Nuestro perfil de cliente es muy variado, pero todos comparten algo, todos entienden que la elaboración de un bolso (a mano) tienen sus tiempos, que detrás de ese bolso hay personas y que es un trabajo que requiere mucha paciencia y dedicación”, afirma Melina. De ahí, que OFICIO STUDIO no tenga una publicidad masiva, ni apariciones en prensa demasiado habituales, ni tan siquiera unas Redes Sociales muy potentes. “No nos gusta exponernos todo el rato, tampoco ponemos la dirección del taller en nuestra página web, queremos que si alguien viene es porque de verdad quiere, alguien que se toma su tiempo, nos llama, nos escribe, se interesa por nuestro proyecto”, cuenta. Poseen pocos modelos pero muy atemporales, aunque también realizan bolsos por encargo y adaptándose a las necesidades (o gustos) del cliente. “Nosotros mismos nos encargamos de viajar hasta un pueblo de Palencia para seleccionar la piel, volamos a París para comprar cremalleras y después nos tiramos horas delante de la pieza para idearla y darle forma, darle vida”, afirma Melina. Y debemos confesar que nosotros no lo hemos podido evitar y después de entrar en el Universo OFICIO STUDIO ya tenemos nuestra cartera en mente (difícil, muy difícil resistirse).

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Su sofá, la guitarra de David, su estantería-árbol (una larga historia) y libros, muchos libros

El reloj marcaba las tres de la tarde, ya habíamos devorado todas las empanadillas, al bizcocho de frutos rojos le faltaba sólo un trozo (ninguno de los dos nos atrevíamos a comerlo) y habíamos hablado de bolsos, de curtidorías palentinas, de la vida (“en general”), de las obsesiones (“los demonios”, como los llama Melina), de sus ganas de acabar viviendo en una ciudad con playa y calor o de la interesante mezcla de sabores en la cocina mexicana (su país de origen). Desde luego, entrar en la casa/taller de OFICIO STUDIO es cruzar las puertas hacia otra dimensión, una dimensión que seguro Melina y David ven como habitual, pero que para nosotros fue mágica. También podemos decir que hemos estado en la casa con la cocina más bonita de Madrid, estamos seguros.

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“Los cristales y el paso del tiempo”, la terraza de Oficio Studio

Visita su página web (y su tienda): OFICIO STUDIO

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1 Comentario

  • Responder marta 27 enero, 2016 de 12:17

    Me encanta la decoración de la casa y estoy de acuerdo contigo en que esa es la cocina más bonita que he visto nunca…

    http://www.elperiodicodetudia.com

  • Responder

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