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NAIA, EL BISTRÓ DE LA RECONCILIACIÓN AMOROSA

Siempre suele ser sábado o domingo, siempre hace sol (ese sol de invierno tan agradable, que no quema y que vuelve a las hojas rojas y naranjas aún mas rojas y naranjas), siempre solemos atravesar la Plaza de Oriente, siempre nos paramos delante del Palacio Real como si fuera la primera vez que lo miramos, siempre cruzamos el viaducto de Segovia y nos colamos por las calles perdidas (y en sombra) hasta llegar a la Plaza de la Paja, SIEMPRE. Y, antes de hablaros de ella (de NAIA), debemos reconocer que siempre que pisamos el barrio de La Latina es para sentarnos en las mesas de DELIC, ese local del que tanto os hemos hablado y que es imprescindible pisar si visitas Madrid (por su platos del día, sus mojitos o su tarta de zanahoria). Pero este sábado, le pusimos los cuernos, cruzamos la plaza y entramos en NAIA BISTRÓ.

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NAIA, un bistró con “luz de bistró”

No sólo lo que comes, si no también el lugar en el que lo comes es importante, al menos para nosotros. Si algo nos gusta de los restaurantes, además de sus cartas (claro), es su interiorismo, sus sillas, sus mesas, sus espejos o sus vajillas y mantelerías. Y cuando nos enteramos de que la reforma de interiorismo, que sufrío NAIA en 2014, la habían llevado a cabo las chicas de OBJETOS PERDIDOS, en ese preciso instante, decidimos que no podía pasar más tiempo sin visitarlo. Las conocimos en la primera edición de THE HOVSE, ese edificio de Alonso Martínez reconvertido en Pop Up Store (gracias a los chicos de Better) y cuya apertura (a mediados de noviembre) anuncia la llegada de la Navidad. Dos hermanas gemelas (difíciles de diferenciar) con un gusto exquisito, el alma de un “taller de creación, donde se diseñan y crean piezas únicas” ubicado en un piso del barrio de Las Salesas.

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Blanco, verde y madera, las claves del interiorismo de OBJETOS PERDIDOS

Las claves de NAIA son el color blanco, la madera y el verde de la multitud de plantas frescas que decoran el local. Pero que no te confunda eso del color blanco, no inunda de luz el espacio, ya que las comidas en NAIA también son cenas (o al menos lo parecen). Son cenas porque la lámpara de mesa está encendida, la luz permanece baja y la música no molesta. De ahí que muchos cataloguen a este restaurante como uno de los rincones más románticos de la ciudad, perfecto para una pareja que desea solucionar cualquiera de esas pasajeras crisis amorosa (aquí, la reconciliación estará asegurada). Sin duda, éste es un claro ejemplo de que lo verdaderamente importante en un restaurante no sólo es el punto de la carne, la etiqueta de vino o la indecisión al pedir el postre. “No sólo importa lo que vas a comerte, también en qué silla vas a comértelo, con qué luz o en qué vajilla”.

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El salmón a la llama con ensalada de quinoa

¿Y qué probamos de su carta? Comenzamos con sus croquetas de jamón ibérico (acompañadas de una original mayonesa de piparras) y seguimos con uno de los platos fuertes del restaurante: su salmón a la llama con ensalada de quinoa. También probamos su tartar de atún rojo con wasabi o su presa Ibérica con parmentier de mostaza. Una carta con sabores y producto muy tradicional, pero con una presentación y recetas que dan una vuelta a las propuestas habituales. El vitellotonnato con brotes tiernos o el ravioli de calabaza con mantequilla de salvia, son otros de sus apetecibles entrantes. El hueco para los postres, como siempre, es “justo y necesario” y nosotros nos decantamos por su pan brioche caramelizado con helado de yogur búlgaro y crema de café. Y el truco, para que la comida sea redonda, es tomarlo en la mesa baja de la entrada (con vistas a la plaza).

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¿Un café en NAIA BISTRÓ?

Y es que todo tiene una explicación, las nuevas incorporaciones a su carta y el origen de sus platos está en la larga lista de países que los responsables de este proyecto han visitado. “Cocina mediterránea basada en el producto de temporada, con platos que presentan guiños a los sabores de las cocinas de otros países“, confiesan desde el restaurante. En definitiva, un pequeño bistró en una de las plazas con más movimiento de Madrid (siempre despierta), un lugar que como hemos confesado en el título será perfecto para las reconciliaciones amorosas. Aunque esperamos que vuestra visita a NAIA BISTRÓ no sea para solucionar problemas de pareja, mejor pisarlo “en amor y (con buena) compañía”.

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Su presa Ibérica con parmentier de mostaza

Plaza de la Paja, 3 (Madrid)

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