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AY, LAS CENAS DE VERANO

“Ay, las cenas de verano” (suspiro final)

Quizás, ésta sea la frase que más repetimos a lo largo del verano. Después de cada cena, siempre suena un (entre melancólico y exaltado): “Ay, las cenas de verano”. Que si no la preparas, te la preparen. Que si no invitas, te inviten. Nada nos puede gustar más de esta estación (además de los baños en el mar, las noches en sudadera del norte o las tardes/noches de cervezas frías en terrazas) que las cenas interminables (esas que empiezan al atardecer y terminan a altas horas de la madrugada). Este es el motivo, suponemos, que nos ha llevado a escribir este post. Un post que tiene instrucciones, nuestro primer post con instrucciones (pero no el último): 1.- Ponte cómodo, preferiblemente leerlo a la sombra del jardín (en la hamaca) o después de la ducha y justo antes de una cena cualquiera, en casa. 2.- Léelo y después cierra los ojos. 3.- Suponemos que a cada uno se nos dibujará (en la mente) un paisaje, una localización, un olor, una mesa… De lo que se trata es de transportarnos, por un momento, a esas cenas de verano que tanto ansiamos, a esa calma momentánea entre amigos, a la luz de las velas.

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Uno de los rincones de Camp Sarch, una finca de principios del siglo XX (en Menorca)

1.- Si no puedes llamar a Passalacqua, ese ‘mago’ de la caligrafía que convierte las invitaciones en auténticas obras de arte, invita a través de WhatsApp. Déjate de medias tintas, y nunca mejor dicho.

2.- ¿Y a quién invito? La compañía será uno de los detalles más importantes de la noche (no pretenderás cenar sólo). Invita a todos esos amigos que has ido haciendo a lo largo del año (o del invierno). Con diferentes inquietudes, con diferente corte de pelo, diferentes gustos y profesiones. No existe nada más aburrido que sentarte en una cena al lado de tus amigos más íntimos (esos que ves casi a diario), es mucho más divertido sentarte con gente ‘desconocida’, el final de la noche será impredecible.

3.- Basta ya de pronunciar la palabra: ‘dress code’. Este termino, en España denominado ‘etiqueta’, suena ya un tanto anticuado. La cuestión aquí, es que cada invitado vaya vestido como quiera, ‘como le de la gana’.

4.- Que las cenas de verano sean al aire libre, que sean siempre fuera. En un porche bajo la buganvilla y sobre el césped. Con las hortensias cerca o la hiedra trepadora rozándote las orejas. Pegados a una pared por la que ha pasado el tiempo o con un invernadero de fondo, en el que ya no existen plantas. Nos inspiran los jardines (y los rincones) de Camp Sarch (una finca de principios del siglo XX, cercana al pueblo de Sant Lluís, en Menorca) o el patio con invernadero de The Sibarist (como escondido en el centro de Madrid, en el interior de un señorial edificio de principios del siglo XIX).

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El invernadero de The Sibarist, escondido en la calle San Lorenzo, 11 (en Madrid)

5.- Que la mesa sea larga, muy larga. Una mesa para compartir (comida, bebida y confidencias), que ya esté vieja, que por ella haya pasado el tiempo, que su madera esté descorchada (aunque sea intencionadamente). Hay mil opciones, siempre podrás visitar a los chicos de La Casita de Margaux o la tienda online de Federica&Co y hacerte con una de esas mesas hechas en la Toscana con madera de ‘Assi Grezze’ natural y a medida.

6.- Que cada silla sea diferente. Las clásicas de madera, las de patio y algún que otro taburete destartalado. Así fueron las que nos encontramos en la última (e inolvidable) cena clandestina a la que asistimos, organizada por los chicos de ClubKviar y Le Nomade. Una cena entre el suelo y el cielo de Madrid, en una localización que nos dejó enamorados: el último piso del Palacio de la Prensa (en la Plaza de Callao), una de las localizaciones que Almodóvar eligió para su película ‘La flor de mi secreto’.

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La última cena clandestina de ClubKviar y Le Nomade

7.- La vajilla no supondrá ningún problema. No tendrás que comprar ninguna, saca la vajilla más antigua que tengas. Seguramente será esa que le cogiste prestada (y nunca devolviste) a tu abuela o bisabuela, esas que guardan en las alacenas de la casa de campo que ya nadie visita en verano. La segunda opción será pasarte por Vide-Greniers o la tienda online de Isabel López-Quesada y compra vajillas vintage de loza blanca o las clásicas ‘hojas’ de Bordallo Pinheiro.

8.- Que todo huela a la vela ‘Carmélite’ de Cire Trudon, que podrás encontrar en el nuevo ‘templo de las velas’ en Madrid: Vela Market (en la Calle General Arrando, 34). La descripción de esta curiosa vela, dice algo así como: “el olor al perfume de las paredes de piedra antigua, a la sombra de claustros y conventos, a la piedra cubierta de musgo fresco. Nos habla de las siluetas en blanco y negro de las hermanas que se mueven en el silencio del ritual”.

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Las velas ‘Cire Trudon’, que podrás encontrar en Vela Market (Calle General Arrando, 34)

9.- Pon flores, muchas flores. Tampoco necesitarás comprarlas, vete al campo y recoge las flores y ramas que más te gusten. En este caso ‘todo vale’, aunque con unos ramos de hortensias y lavanda o incluso de romero (desperdigado por la mesa) será más que suficiente. Si crees que esto no es buena idea, siempre podrás recurrir a la mágica decadencia de Brumalis, perfecta para las ‘misteriosas’ noches de verano.

10.- Las mantelerías que sean de lino, y cuanto más sencillas mejor. Si no se te ocurre nada, sumérgete en la web de Balakata y descubre sus manteles (y servilletas) de lino ‘estilo provenzal’, inspirados en ese ‘no se qué’ del Mediterráneo. Para las cuberterías no te lo pienses demasiado, entra en RueVintage74 y elige.

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Nuestro mantel ‘del verano’, de Balakata

11.- Cubre la mesa con algún que otro objeto ‘sin sentido’, cosas curiosas que tengas en casa. Siempre podrás recurrir a Alquian ‘objetos perdidos’, entra en su web y compra jarrones de cristal francés de los años 60’s (verdes, por favor verdes).

12.- Para la comida, inspírate en lo que Elena Guereta hace para Delic (uno de nuestros locales favoritos de Madrid, en el barrio de La Latina). Una mesa llena de color, verduras, sencillez, carne ecológica, buen producto, cocina honesta, las cenas de verano no necesitan mucho más. Métete en la página web de Dehesa El Milagro, una finca toledana con producción ecológica propia, y haz una pedido a domicilio. Además, su web, cuenta con una apartado de ‘recetario’ que te dará mil ideas para ponerte ‘manos a la obra’ en la cocina.

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La ensalada de verdes variados, tomates cherry, crispy bacon, albahaca y cilantro, de Delic

13.- ¿Y la música?, no puede faltar la música. Nosotros nos quedamos con el último disco de Marlango, y la hipnótica voz de Leonor Watling. Sólo pedimos que cuando llegue el postre (y la noche haya caído), los comensales se callen y suene “La Luna”.

14.- Y la noche no ha hecho más que empezar, que comiencen los gintonics. Después del boom del ‘gintonic ensalada’, esas copas llenas de cosas que nadie sabía definir, llegó el momento de la calma y el ‘minimalismo’: tónica, ginebra, hielo y un toque de cítricos, nada más. Uno de nuestros últimos descubrimientos es Ampersand, una ginebra seca y moderadamente cítrica, de perfil equilibrado, de paso fácil, luminosa y cristalina.

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La presentación de Ampersand,  en el mágico espacio ‘Hivernacle’ (Barcelona)

Recuerda, cierra los ojos y comienza a imaginar (tu perfecta cena de verano)

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1 Comentario

  • Responder Lucía Bermejo 16 julio, 2015 de 00:05

    Nos ha encantado el post, nosotros también hacemos cenas clandestinas

    La próxima estas invitado

  • Responder

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