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7 RAZONES PARA VOLVER AL CAFÉ DE PARÍS

Ya lo dijo el escritor Paul Erdman, en su libro ‘Los últimos días de América’: “Fuimos a Café de París en Ginebra, donde tienen la mejor salsa de entrecote de cualquier restaurante en la tierra”. La cuestión es que todavía no lo habíamos pisado y lleva en pie poco más de un año en mitad del barrio de Salamanca (en el número 11 de la calle Conde de Aranda). Todo el mundo nos decía lo rico que estaba y lo más importante: el número de veces que el entrecote de este acogedor restaurante rondaba sus cabezas (de ahí lo de volver y volver continuamente). “Iréis y querréis volver”, nos dijeron. Y así fue. Aquí van nuestras razones para volver (siempre) al Café de París (en Madrid):

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1.- Me gusta París, pero no puedo volar a París todas las semanas. Sin duda, esta es una de las principales razones por las que visitar el Café de París, en Madrid. Aunque nació en Ginebra (Suiza), el aire de este restaurante nos transporta directamente a uno de esos pequeños y mágicos bistrots parisinos. El suelo damero, el juego de lámparas, sus sillas, las flores frescas, la barra de madera y latón o sus cuadros. Un viaje momentáneo, sin moverte de Madrid, hasta alguno de esos barrios de París llenos de brasseries (en color burdeos).

2.- La historia del secreto mejor guardado, su salsa. Todo comienza en el restaurante Le Coq d’Or, en Ginebra. Monsieur Boubier y su esposa crean una salsa (la misma que podrás tomar, hoy, en el Café de París de Madrid) compuesta a base de especias, hierbas y otros ingredientes mezclados en una base de mantequilla (y hasta ahí podemos leer, poca gente conoce su secreto). Los Boubier desvelaron esta receta a su hija, esposa de Arthur-François Dumont, propietario del Café de París (situado en el número 26 de la Rue du Mont-Blanc, en Ginebra). En 1942, Dumont decidió modificar el concepto de su restaurante y consiguió convertirlo en la meca del entrecote (acompañado siempre de esta exquisita y misteriosa salsa). ¡Si alguien descubre el secreto que nos lo diga!

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3.- “Un plato que no ha evolucionado, porque no lo necesita”. Esto nos comentaba uno de los propietarios del local, y qué gran razón. Estamos en una época de continuo cambio en lo que a gastronomía se refiere. Un tiempo de nuevos platos, de nuevos conceptos, de mezclas imposibles y de innovación en los fogones. Pero, el Café de París ha querido ser fiel a sus orígenes y no variar ni su carta ni su tradicional (e imitada) receta. Podrás tomarte el mismo entrecote que se servía en la Ginebra de 1930, nada ha cambiado desde entonces (al menos aquí).

4.- Carta con menú cerrado, no podrás elegir. ¿No podrás elegir? Todos esperamos llegar a un restaurante y que las posibilidades sean infinitas (o al menos, que tengamos varias opciones entre las que decidirnos). Si algo nos gustó del Café de París fue su curiosa y pequeña (muy pequeña) carta. El menú cerrado (hecho a la minute) consta de un primer plato a base de ensalada (con el aliño original del Café de París) y de segundo: el (esperado) entrecote presentado sobre su salsa ‘secreta’ y acompañado de patatas fritas peladas y cortadas cada mañana y cocinadas ‘a la francesa’, muy finas y crujientes.

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5.- Aquí el ritual en la mesa es (muy) importante. Quedan muy pocos restaurantes en los que el camarero siga siempre el mismo protocolo de atención en la mesa y el Café de París, es uno de ellos. Primero has de elegir el punto de la carne (bleu, saignant, a point, rose o bien cuit) y el camarero lo apuntará (a modo de garabato indescifrable) sobre los manteles de papel de cada comensal. Más tarde el plato vendrá presentado sobre un infiernillo (encendido por el camarero) que irá deshaciendo la salsa y que permitirá el cambio de consistencia y sabor. Si algo nos gustó es eso de: “acompañamiento con patatas fritas a la voluntad”, los camareros (siempre pendientes) rellenarán tu plato cuando tus patatas se vayan terminando.

6.- Ese lugar donde la cocina siempre está abierta. No existe nada más molesto que intentar entrar a comer a un restaurante y que te digan esa (terrible) frase: “la cocina ya está cerrada”.  La del Café de París está abierta desde las nueva y media de la mañana hasta las doce y media de la noche (una, los fines de semana). Aquí no sólo podrás disfrutar de una comida o una cena, también sirven desayunos, meriendas a base de dulces y el aperitivo en barra (una tapa de steak tartar o un pincho de tortilla, acompañados por uno de sus cocktails).

7.- Deja sitio para el postre. Los postres del Café de París merecen un capítulo a parte. Si la carta es muy reducida, la lista de postres es infinita. Fluido de chocolate, mascarpone con frutos rojos, crème brulée, su tarta de queso (by Celicioso) y nuestro favorito: la crêpe al gusto (con chocolate, una de las mejores crêpes de Madrid).

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Calle Conde de Aranda, 11 (Madrid)

 

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