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DECÁLOGO DEL CAMARERO PERFECTO

Man Serving Ice From Bucket

¿Existe la figura del camarero perfecto? Al menos, intentaremos aproximarnos

1.- ¡Por favor préstame atención, estoy aquí! Esto suele ocurrir muy a menudo. Ya has pedido y parece como si pasases a un segundo plano, como si te transformases en un ser pequeño y totalmente invisible, en mucho de los casos. ¿Quién no ha tenido que hacer aspavientos (ridículos) con las manos para que el camarero le vea? Pareciera como si en ciertos casos los camareros sufrieran un ‘cuadro de ceguera’ momentánea (o de ‘pasotismo’, también podríamos denominarlo así). Aunque, igualmente, es muy común eso de que los camareros de una misma sala estén como cuchicheando, riéndose e incluso gesticulando de una forma, digamos, poco discreta. Hemos visto de todo, nada nos sorprende, pero por favor: ¡Estoy aquí, préstame atención!

2.- No a los camareros/actores de Hollywood. Esto podría dar para tres o cuatro artículos más: las tipologías de camareros (un mundo muy amplio y poco explorado). Una de estas tipologías podría ser la que nosotros denominamos ‘camareros/actores de Hollywood’ y donde incluimos a todos esos que se pasan de amables, serviciales y atentos (y un sinfín de adjetivos rimbombantes). Una cosa es pasar del cliente y otra agobiarlo, ‘ni tanto ni tan calvo’. La cuestión, aquí, es saber entender esa delgada línea entre lo amable y lo ‘teatrero’, muchos de ellos podrían estar nominados a un Oscar y la película podría titularse…

3.- Dame tiempo para ver la carta (y estudiarla si quiero). Es muy incómodo eso de entrar en un restaurante, que te den una mesa, que te traigan la carta y a los dos minutos que vengan a ‘tomarte la nota’ (gran expresión en peligro de extinción, por cierto). Puede ser que queramos aprendernos la carta de memoria y necesitemos tres horas, el camarero no podrá impedírnoslo. Aunque la cosa, por lo habitual, es mucho más sencilla: queremos echar un ojo a la carta (más de 1 minuto, por favor), ver sus platos y tomar la decisión correcta, eso es todo. De forma inversa podríamos decir lo mismo, tenemos una hora para comer y no podemos esperar una eternidad a que nos atiendan.

4.- No me quites el plato, todavía estoy comiendo. Esto suele ocurrir en muchos restaurantes, sobre todo en esos en los que las peleas por encontrar mesa son un asunto habitual (‘el pan de cada día’, que suele decirse). Entendemos que no podremos estar comiendo seis horas, pero del mismo modo tampoco podemos terminar una comida en diez minutos (lo de los récord Guinness se lo dejamos a otros). Nunca entenderemos eso de intentar retirar un plato en el que todavía queda comida o un vaso en el que todavía queda bebida. Cuando queramos más se lo diremos y cuando no queramos, también.

5.- Recomiéndame platos, explícame la carta. Esto no debe tratarse (en ninguno de los casos) de un discurso preparado o al menos deberá sonar con total naturalidad. Cada vez nos gustan mas esos restaurantes en los que los camareros obtienen ‘una formación previa’. Y con ‘formación previa’ no nos referimos a imposición de normas de trabajo (que también) si no a que el camarero se empape de la filosofía del local, de su carta, de los productos con los que trabajan, esto será fundamental. Queremos que nos aconsejen a la hora de pedir (somos de esos que siempre están entre dos platos y nunca se deciden), que nos hablen de las materias primas que utilizan para la elaboración de los platos que vamos a comernos, sobre el vino que van a servirnos…

6.- ¡Alegra esa cara! Entendemos que muchas veces, por la carga de trabajo y los horarios ‘matadores’, es muy difícil mantener una sonrisa ‘de oreja a oreja’ durante todo el día. Aunque complicado, necesario (al menos, de cara al cliente). ¿No es muy desagradable cuando entras a un local y los camareros tienen cara de enfadados, son bordes o parece como si te estuvieran echando (aunque sólo sea por la mirada)? El cansancio, los problemas o la falta de interés deben ser maquillados con una bonita sonrisa y un tono amable (y pausado, nada de estridencia).

7.- Ni feos ni guapos, pero con presencia. Aquí no se trata de ser el modelo del año (ni mucho menos), pero si de tener una cierta presencia. Ya no queda rastro, o al menos muy poco, de esos camareros de ‘antaño’ con traje y pajarita, ahora estamos atravesando una época de barbas largas, deportivas y delantales de lino (entre lo rural, lo sutil y lo ‘cool’, si nos lo permitís), pero igualmente la imagen del camarero debe estar cuidada. Muy importante y una de nuestra premisas básicas: en un restaurante todo comunica, no sólo la comida o la decoración.

#quenomeladenconqueso

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2 Comentarios

  • Responder Elena - tiretta living 28 mayo, 2015 de 15:15

    Si hay algo que odio son los camareros que cuando les pides que te recomienden te dicen “esta todo rico!”. Y nunca falla que lo que mal empieza mal acaba

  • Responder delores hope 29 mayo, 2015 de 06:03

    Niza, realmente me gusta it.If te gusta también nuestro sitio por favor siga: http: //www.jurknl.com

  • Responder

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